miércoles, 4 de octubre de 2017

Otra prueba más de corrupción

Razones por las que el presidente de EEUU puede acusar a La Habana frente a Naciones Unidas

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La economía cubana se encuentra marcada por la corrupción de forma profunda (desdeminsulacuba.com)
GUANTÁNAMO, Cuba.- Cuando hace unos días el presidente Donald Trump afirmó en la ONU que el Gobierno cubano era corrupto, varios alabarderos del régimen pusieron el grito en el cielo.
Seguramente esas personas pensaron de forma reduccionista y constriñeron el término a los robos, las falsificaciones de documentos en transacciones comerciales, la aceptación de coimas, el desvío de recursos del Estado o el enriquecimiento a costa del erario público. Pero la corrupción también incluye pervertir a otros, conminándolos a actuar ilegalmente; actuar sin respeto a la moral o al orden jurídico establecido, aplicar la ley haciendo distinción de personas, viciar los procedimientos establecidos o adoptar la inactividad administrativa como vía para convertir el derecho en letra muerta. Y tanto en aquél sentido como en éste hay mucha corrupción en Cuba.
El Gobierno cubano ha mostrado gran incapacidad para hacer cumplir su propia Constitución y sus leyes. Pero hoy no voy a escribir sobre lo que habitualmente hace contra sus enemigos políticos. En definitiva ellos son discriminados social, económica y políticamente y, lo más triste, tal práctica es considerada normal por muchos otros ciudadanos.
Hoy quiero compartir un caso publicado por el periódico Juventud Rebelde (JR) en su sección Acuse de Recibo el pasado domingo 24 de septiembre, otra prueba de la falta de respeto que las instituciones cubanas muestran hacia el cumplimiento de las leyes y del estado calamitoso en que se halla la protección de la propiedad privada y de los derechos ciudadanos, así como la prepotencia de algunos dirigentes.
Una ruta de ilegalidades y abusos
El 26 de enero del 2012 el señor Eligio Clemente Espinoza le arrendó legalmente su vivienda, sita en la calle San Francisco No.4, entre Linera y Paquito Rosales, Manzanillo, provincia Granma, a la señora Sucet Leonor Castillo. Eligio falleció el primero de diciembre de ese mismo año y su esposa, María Isabel Ramírez, fue declarada su única y universal heredera y pasó a ser la propietaria del inmueble.
María Isabel decidió no prorrogar el contrato de arrendamiento y ante la negativa de Sucet a abandonar la vivienda, reclamó a la Dirección Municipal de la Vivienda de Manzanillo (DMVM), la cual canceló la inscripción del arrendamiento el 14 de diciembre 2012. Tres meses y seis días después Sucet fue declarada ocupante ilegal, pero comenzó a dilatar los trámites en perjuicio de la legítima propietaria del inmueble, con el consentimiento de la DMVM y el gobierno local, quienes no cumplieron lo establecido en la Ley General de la Vivienda.
Sucet apeló a la Dirección Provincial de la Vivienda de Granma (DPVG), la cual ratificó el fallo de la DMVM. Persistente, presentó otra reclamación ante la DMVM, esta vez pidiendo nada más y nada menos que le transfirieran la propiedad. Su reclamación fue desestimada, pero Sucet reclamó ante el Tribunal Provincial de Granma (TPG) y cuando este le negó su pretensión estableció recurso de casación ante el Tribunal Supremo Popular (TSP), el cual también denegó su reclamo.
Más claro ni el agua, quizás pensó María Isabel, quien al conocer la sentencia del TSP presentó quejas ante la DMVG, la DPVG, la Fiscalía General de la República (FGR) y el gobierno local, instancias que le aseguraron que el caso sería presentado ante la Comisión de Enfrentamiento a las Ilegalidades.
Al parecer algo se movía, pero no era precisamente la legalidad ni el interés de quienes dirigen estas instituciones por proteger el derecho de María Isabel. El 7 de septiembre del 2015, más de tres años después de haber sido declarada ocupante ilegal, pero aún en la casa, Sucet volvió a reclamar al TPG, esta vez para que reconociera que le había comprado la casa ilegalmente al difunto. Preciso que según el Código Civil cubano todo acto ilegal es nulo y no genera derecho, pero además, cuando Sucet comenzó a ocupar la casa ya las compraventas estaban legalizadas y no era necesario usar el subterfugio de un contrato de alquiler para ocultar la ilegalidad. Tanto el TPG como el TSP declararon sin lugar la reclamación de Sucet y todo parecía indicar que la Comisión de Enfrentamiento a las Ilegalidades iba a actuar.
El 14 de diciembre del 2016 una hermana de María Isabel se entrevistó con el vicepresidente del gobierno manzanillero y presidente de la famosa comisión, quien le dijo que “tenía entendido que a Sucet le había llegado una sentencia con lugar y que la policía había hecho investigaciones que arrojaban que esta vivía allí hacía mucho tiempo”. Tal declaración demostró que este dirigente no tenía un conocimiento pleno del caso y que es un supino ignorante de la ley al condicionar su cumplimiento a investigaciones de la policía, la que carece de fuerza legal para paralizar el cumplimiento de dos sentencias del TPG ratificadas por el TSP.
Dos días después María Isabel se entrevistó con el dirigente y con el director de la DMVG y el primero afirmó que hubo una equivocación al declarar a Sucet ocupante ilegal y que hasta que eso no se analizara el caso no se presentaría en la Comisión de Enfrentamiento. Es decir, este individuo cree tener más poder que cuatro sentencias dictadas por tribunales cubanos.
María Isabel acudió a la FGR, y tuvo suerte, porque al menos le respondió. Todo parecía indicar que por fin se iba a cumplir la ley, pero diez meses después de la respuesta de la FGR y a cuatro años y medio de que Sucet fuera declarada ocupante ilegal, el caso continúa igual pues cambiaron al jefe de la policía en Manzanillo y había que esperar a que el vicepresidente regresara de sus vacaciones, seguramente en algunas de las playas u hoteles vedados al común de los cubanos.
Esta es otra prueba de cuánto se viola la ley en Cuba y de la necesidad que existe de que la legislación sea profundamente transformada para que la institucionalidad prevalezca ante todo, algo que jamás podrá lograrse mientras no tengamos un Estado de derecho.
¿Será Sucet una de esas criollitas de Wilson? ¿Tendrá algún parentesco con el vicepresidente del gobierno manzanillero… o algo más? ¿Será una persona de buenas posibilidades económicas? Cuando la corrupción prevalece preguntas como éstas son muy lógicas.

Jose Daniel Ferrer Garcia se planta en Huelga de Hambre, en el Parque Cespedes Centro de la Ciudad


martes, 3 de octubre de 2017

Ministra israelí realiza viaje ‘privado’ a Cuba

Es la primera visita de un alto funcionario en activo de este país a la isla desde 1973

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Miri Regev, Jerusalém, 2016 (Flash90)
JERUSALÉN.- La titular de Cultura israelí, Miri Regev, se encuentra en Cuba en un viaje privado, en lo que según el diario “Haaretz” es la primera visita de un ministro israelí en activo a la isla desde 1973, año en que Cuba rompió relaciones diplomáticas con Israel.
El Ministerio de Exteriores confirmó a Efe el viaje y una portavoz explicó que no puede ofrecer detalles del mismo, al tratarse de una visita privada.
Regev viajó el domingo sin agenda oficial y por motivos estrictamente personales pero no informó previamente a la oficina del primer ministro, Benjamín Netanyahu, asegura el periódico israelí.
Tras el reconocimiento del Estado de Israel por parte de Cuba en 1949 y más de dos décadas de amistad, Fidel Castro rompió las relaciones diplomáticas en 1973, si bien a día de hoy se mantiene en el país algo de turismo israelí a través de la representación de la embajada de Canadá en La Habana.
Lo que es inusual es el viaje de un mandatario israelí en activo y, según “Haaretz”, hace más de cuatro décadas que no se produce ninguna visita de estas características ni de forma oficial ni privada.
El único caso similar fue el de Rafi Eitan, que viajó a Cuba tras ser nombrado ministro de Pensiones en 2006 en el Gobierno de Ehud Olmert, pero antes de jurar y por tanto de ostentar su cargo.
El histórico establecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana en 2015 reabrió las conversaciones para que Israel y Cuba también se acerquen, aunque esto no ha materializado.
(EFE)

Arrestan a canadiense en Cuba por llevar ayuda humanitaria ‘sin pedir permiso’

Fue interrogado y amenazado por las autoridades

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Carl-Miche Cloutier (La Presse)
MIAMI, Estados Unidos.- Un ciudadano canadiense fue arrestado e interrogado en Cuba, así como amenazado con no poder salir de Cuba tras habérsele confiscado sus pertenencias por intentar llevar por su cuenta ayuda humanitaria para los damnificados por el huracán Irma.
Informa el sitio canadiense La Presse que Carl-Michel Cloutier es un quebequés casado con una cubana y viajero habitual a la isla, pero no piensa volver jamás después de su última experiencia.
“Pensé que iba a terminar en la cárcel”, afirma Cloutier, ya de vuelta en Montreal. Asegura haber vivido un “calvario” con las autoridades cubanas.
El quebequés informó a la embajada de Cuba en Canadá sobre la ayuda que quería llevar a la isla, con el objetivo de evitar problemas. Intentaría además que la ayuda quedara exenta de cargos aduanales al llegar a La Habana, el 21 de septiembre.
Continúa describiendo el diario que la cónsul de Cuba en Montreal, Mara Bilbao Díaz, a pesar de no darle garantías le facilitó al quebequés un documento donde constaba que llevaría a Cuba un total de quince maletas de 25 kg con “un cargamento de donaciones de ropa, juguetes y alimentos enlatados utilizados para las víctimas del huracán Irma en el pueblo de Isabela de Sagua, en la provincia de Villa Clara”.
“El señor Cloutier fue debidamente informado de las regulaciones aduaneras cubanas con respecto a las importaciones de pasajeros. Por favor, utilice este documento como una nota informativa “, escribió la funcionaria en la carta.
El canadiense posteriormente solo pudo entrar a Cuba con nueve maletas de un cargamento de 19, tras pagar a la Aduana. Otras diez valijas quedaron en el aeropuerto.
La ayuda iba destinada a los residentes de Isabela de Sagua, un pueblo de Villa Clara donde vive la familia de la esposa de Cloutier. En esa localidad, el 70% de los edificios fueron destruidos por el huracán Irma a principios de septiembre.
“La devastación era extrema, las casas estaban completamente destruidas o destrozadas por el huracán”, describió el diario candiense. “El escenario era espantoso”, añadió.
Cloutier y un amigo, Patrick Ménard, recogieron donaciones en su localidad de Québec y ambos viajaron entonces a Cuba.
“Hemos repartido las donaciones y (los residentes de Isabela de Sagua) han compartido sus historias con nosotros. Estaban muy agradecidos, pero fue muy difícil para Patrick y para mí ver esta tragedia humana”, cuenta Carl-Michel Cloutier, quien la semana pasada junto a su amigo distribuyó parte de las donaciones que les permitieron entrar.
Sin embargo más adelante los dos hombres fueron detenidos por la policía y llevados junto a los suegros de Cloutier a la comisaría, donde les confiscaron sus teléfonos y cámaras.
“Un hombre con uniforme militar, del Departamento de Inmigración, y otro de civil, de la Seguridad del Estado, me interrogaron durante más de cuatro horas sobre nuestra visita y la ayuda que habíamos entregado”, afirma Cloutier. “Me dijeron que es ilegal hacer donaciones humanitarias sin pasar por el Gobierno”.
“Me trataron como un criminal”, cuenta Cloutier, describiendo el ambiente durante el interrogatorio como muy tenso.
Cloutier consiguió que las autoridades supiera que poseía un documento del consulado de Cuba en Montreal explicando su intención. Fue liberado luego de seis horas de arresto, cuando pudo buscar la carta del consulado.
Los canadienses acudieron inmediatamente al consulado que su país mantiene en Varadero, pero un día después la familia política de Cloutier para contarles que la policía los estaba buscando. Y si no acudían, se exponían a no poder salir del país y que sus suegros fueran detenidos.
“Tuvimos mucho estrés antes de que el personal del consulado de Canadá confirmase, 24 horas más tarde, que no tendríamos ningún problema con la ley”, cuenta.
Cloutier ha desaconsejado a otros canadienses que viajen a Cuba. Sin embargo, más ciudadanos de ese país han expresado su intención de enviar ayuda humanitaria a Cuba.
En tanto la embajada de Cuba en Ottawa ha afirmado que quienes van a la isla deben cumplir con lo establecido, y no ha dado más detalles al diario canadiense.

Inversores extranjeros en Cuba: premios indeseables

Un interesante libro testimonio acaba de ser publicado por un antiguo empresario extranjero radicado en la Isla

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LA HABANA, Cuba.- Durante mi actual visita a Miami, he podido leer un interesante libro escrito por Stephen Purvis, uno de los empresarios extranjeros radicados en Cuba que fueron encerrados hace pocos años por las autoridades castristas, so pretexto de supuestas irregularidades cometidas. Su título en inglés es sorprendente: “Close but no cigar”. Angloparlantes me indican que el sentido de esa frase es más o menos: “Estuviste cerca, pero te quedaste sin premio”.
En sus 256 páginas, el emprendedor británico narra, con abundantes detalles, las calamidades que sufrió durante su estancia de año y medio como huésped involuntario del gobierno comunista en islas del “Archipiélago DGP” (Dirección General de Prisiones del MININT). En particular, en el Cuartel General de la Seguridad del Estado (la tétrica “Villa Marista”) y en la cárcel para extranjeros de “La Condesa”.
Al igual que sucede con los reclusos de “El Primer Círculo” —la genial obra de Alexánder Solzhenitsin—, el empresario inglés y sus compañeros de infortunio gozaban, en esos centros represivos, de condiciones excepcionales. El autor de estas líneas puede hacer las comparaciones pertinentes, gracias a sus experiencias de años en prisiones políticas cubanas.
Veamos algunos de los “pequeños privilegios” que disfrutaba Purvis en esos centros. En “Villa Marista”: un ventilador, libros, comida propia, papel y pluma, correo y ¡hasta un televisor! En “La Condesa”: cancha de tennis, agua fría, casillas con llave, reloj, también ventiladores e incluso una cocina privada y un congelador ¡con carne y colas de langosta! (verdad que estas últimas prohibidas por los reglamentos).
¡Cosas impensables para un cubano! Al menos, para uno no proveniente de la nomenklaturacomunista (a condición —¡claro!— de que este último haya sido encarcelado por simples delitos comunes, no por causas políticas).
A pesar de esas ventajas nada despreciables, Don Stephen dedica calificativos de grueso calibre a esas prisiones: Define “Villa Marista” como “el Zoológico privado de Raúl”; de sus tres compañeros de celda y de sí mismo, comenta con amargura: “en lo esencial, éramos cuatro ratas atrapadas en un hueco”. Se hace eco de la lacónica respuesta —cínica pero exactísima—, que le da su instructor cuando, al saber que será trasladado hacia allá, le pregunta por las características de esa dependencia: “Pequeña”.
De la prisión de lujo de “La Condesa”, afirma que ofrecía “una similitud bastante alarmante con un campo de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial, sólo que de concreto en vez de madera”. Sobre los usos allí imperantes, comenta con amargura: “Los guardias no te dicen cuáles son las reglas, pero cualquier infracción de ellas es punible”. Allí también sufrió la práctica —muy extendida en Cuba— de mezclar presos que esperan juicio con los sancionados ejecutoriamente a largas penas.
Más allá de lo anecdótico, Purvis describe la esencia de la represión arbitraria que tuvo que sufrir durante dieciocho meses. En este sentido, para comprender las razones que lo llevaron a viajar a Cuba (de inicio, por sólo un año), resulta harto esclarecedor el capítulo inicial. De manera original, le asignó a éste el inesperado número “menos uno”.
Allí narra los orígenes modestos de su familia, la medianía de su vida como arquitecto en Londres, la oportunidad que vislumbró de prosperar y de dar a sus hijos una “niñez aventurera” yendo a Cuba. Y esto a pesar de las advertencias ominosas (que después demostraron ser clarividentes) de familiares y amigos: “Estás completamente loco”.
“Lo peor que podía pasar”, pensaban Purvis y los suyos, era que, al cabo del año, tuviesen que regresar a Inglaterra “con las colas entre las piernas y algunas buenas fotos”. Los hechos les demostraron que estaban equivocados. “Lo que nos sucedió”, comenta él, “podría pasarle a quienquiera que desee salirse del camino en cualquier lugar; sólo que uno no puede imaginar que eso vaya a pasarte a ti”.
No hay espacio para narrar en detalle las desgracias y arbitrariedades que sufrió el empresario británico: la locura de su esposa, la huida de sus seres queridos al país natal, la zozobra experimentada por sus colegas como resultado de la injusta persecución, la inoperancia del defensor que nombró a precio de divisas, los supuestos amigos que le dieron la espalda, las ofertas tácitas de mejorar su situación si se convertía en chivato, sus esperanzas de que, “con suerte, ellos se contenten con robarse los activos de la compañía y dejarme marchar” .
Tampoco sería justo que yo entrara en esos pormenores, pues privaría a mis lectores del placer de sumergirse en el mar de coloridas descripciones que hace el autor sobre los atropellos que padeció.
“Close but no cigar” ofrece interés para cualquiera, pero de modo especial para los inversores potenciales que, sin prestar atención a los avatares del mismo Purvis, de Cy Tokmakián y de tantos otros que creyeron en los cantos de sirenas de los comunistas, apostaron por ese régimen, invirtieron en Cuba y perdieron de manera lastimosa.
A diferencia de lo que sugiere el título de ese testimonio, ellos sí han recibido premios: la persecución, la cárcel y el despojo.

lunes, 4 de septiembre de 2017

El precio de ser negro en la Cuba de hoy

La sociedad actual muestra nuevas formas de segregación

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LA HABANA, Cuba.- En Cuba, sobre todo para los medios oficiales, el racismo constituye un tema tabú. Hablar de ello es complicado, no tanto por que pueda tocar alguna fibra sensible como por el hecho de que los cubanos no son conscientes de sus prejuicios raciales. Cuando se les pregunta si existe racismo en Cuba, se remiten a las expresiones “mediáticas” de la discriminación racial: “¿Racismo en Cuba? ¡Qué va! Eso que se ve en la televisión aquí no sucede (…) Aquí todos somos iguales”.
Ciertamente, en la sociedad cubana no se registran episodios de violencia relacionados con el tema racial; pero tampoco puede afirmarse que el problema fue erradicado. CubaNet conversó con ciudadanos de distintas razas que reconocen el uso de expresiones discriminatorias de blancos hacia negros, e incluso entre personas de la raza negra.
Algunas frases frecuentemente utilizadas en el ámbito popular delatan el racismo enquistado en la sociedad cubana, y es preocupante que muchos las consideren inofensivas o jocosas. Decir que “el negro, si no la hace a la entrada, la hace a la salida”, o llamar a un hombre “negro de mierda”, son fórmulas comunes que se gritan en plena calle, revelando un conflicto personal que no se traduce en agresión física pero deja ver, en nuestros días, su impacto en el orden social.
Cuba es un país mestizo, de manera que el racismo se expresa, en la casi totalidad de los casos, hacia personas con rasgos obviamente afroides. Podría hablarse incluso de un sistema de racismo escalonado, donde pesan criterios -desde el punto de vista fenotípico- como qué tan negro es, si tiene facciones finas y “pelo bueno”.
Además de los prejuicios heredados de un pasado esclavista, la tendencia de la sociedad actual apunta a una nueva forma de segregación. En el sector privado, por ejemplo, hay pocos emprendedores de raza negra, y en los negocios de gastronomía casi todo el personal de servicio al cliente es blanco o mestizo; mientras los individuos de raza negra se ocupan de recoger, limpiar y botar la basura.
A pesar de que “todos tenemos las mismas oportunidades”, el historial de bajos ingresos y la procedencia de entornos marginales pesa más sobre las personas negras, que se insertan desde la adolescencia en los oficios de obrero calificado, mientras un número atendible de blancos y mestizos perseveran en la superación técnica y profesional.
No es aleatorio que en una brigada de albañiles la inmensa mayoría sean hombres negros; mientras en las cátedras universitarias el fenómeno se muestra favorable a los blancos. Tales diferencias consolidan la errónea percepción de que éstos son más proclives a prosperar y adquirir reconocimiento.
Por otro lado, el índice de criminalidad está muy ligado a la incidencia de personas negras, lo cual contribuye a que dueños de negocios o contratistas en entidades estatales, se dejen influir por prejuicios raciales a la hora de determinar la idoneidad y confiabilidad con vistas a una plaza laboral. Esta realidad que hoy se percibe en la Isla, no es muy distinta de la de otros países con facciones populares y sectores empresariales abiertamente racistas.
La diferencia es que en Cuba el racismo, como la oposición al gobierno, cada quien lo guarda para sí. Una de las entrevistadas por CubaNet considera que la discriminación es menos dañina cuando se mantiene en casa. Si esta mujer manejara un negocio, ¿contrataría a trabajadores negros? El prejuicio obra de manera subjetiva, y así como los cubanos blancos o mestizos no están siempre conscientes de su actitud discriminatoria, hay personas negras que, negando la existencia de prejuicios raciales, los refrendan de modo tajante.
La persistencia de una forma de pensar que se creía desterrada, está justificada, en parte, por el hecho de que la esclavitud en Cuba fue abolida hace apenas 130 años, y algunas formas de segregación eliminadas hace poco más de cincuenta. Todo ese tiempo, en la subjetividad colectiva, es apenas un aleteo; y como el asunto no se debate en la luz pública -por temor a que se convierta en un problema político-, las personas consideran que no es grave; por ende, no hay razón para preocuparse.
Es un error creer que el racismo fue eliminado después de 1959. La práctica diaria de la hipocresía y la mentira han mantenido el problema a raya; pero a medida que cae el manto glorioso del socialismo, emergen los rezagos de un trauma histórico y cultural. Los criterios de los entrevistados y la configuración de la sociedad cubana hacen dudar del impacto de la Revolución en los prejuicios raciales. Peor aún: si se revisa concienzudamente la historia de Cuba anterior a 1959, es posible comprobar que, al contrario de lo que se cree, no fue gracias a la Revolución que los negros recobraron su dignidad.